CenB, Potencia y Esencia
¿Qué es Ciudadanos en Blanco?
Es una iniciativa que surgió en el año 2003 en las Islas Baleares y
que ya es realidad en muchas provincias españolas. Todo empieza cuando un
grupo de ciudadanos tras casi tres décadas de democracia en España se da
cuenta que algo estaba fallando. Con una abstención electoral sobrepasando
la barrera del 30% y una ciudadanía cada vez más desencantada con la clase
política, y una clase política cada vez más alejada de los ciudadanos,
comprenden que había que articular un mecanismo que llevara la voz del
descontento de los ciudadanos que no votaban o votaban en blanco hasta el
ruedo político. Así surge el partido Ciudadanos en Blanco, con un propósito
claro y único en su programa: pedir que se cambie la ley electoral para que
de ahí en adelante el voto en blanco se escrute y sea contabilizado de la
misma manera que el voto que se da a un partido concreto, y así los votos
obtenidos den como resultado su correspondencia en escaños vacíos en el
parlamento.
Este planteamiento puede parecer muy revolucionario y no
encontrársele el sentido ni la utilidad... No es tan revolucionario y sí
que tiene utilidad práctica.
Partimos del convencimiento de que hay una distancia cada vez más
grande entre la clase política y el ciudadano, los políticos están inmunizados a
toda crítica o control de su gestión por parte de la ciudadanía, lo cual ha
generado por un lado, una desviación en el comportamiento y honestidad de
los políticos y por otro, un enorme descrédito y desinterés de los ciudadanos
por todo lo que tiene que ver con los asuntos políticos, por no poder éstos
tomar parte, ni opinar, ni censurar nada de lo que se decide en el ruedo
político, más allá de lo que es votar, más de lo mismo, cada cuatro años.
El resultado: una abstención preocupante y en continuo aumento, y un
aislamiento del ciudadano en su esfera privada sabedor de que poco o nada
puede hacer en política para cambiar las cosas. Y frente a éstos, una clase
política, corporativizada hasta el extremo, que se sabe a salvo de toda
censura, que no tiene que dar cuentas más que a su propio partido, ni se
siente aludida por la alta abstención ni le afecta lo que opine la ciudadanía,
repartiéndose el "pastel" de la gobernabilidad entre los votos computados,
aunque éstos no lleguen a veces ni al 50% de la ciudadanía que vota
(descontados la abstención el voto en blanco y los partidos minoritarios que
no alcanzan el porcentaje mínimo para entrar en el reparto).
Este análisis resulta evidente a tenor de la realidad en que
vivimos. Pero... ¿Qué cambiaría con los escaños vacíos?
Para entenderlo con claridad bastaría con acercarnos a lo que sucede
en los certámenes literarios. ¿Se imaginan un concurso de novela donde el
jurado tuviera que otorgar el premio a toda costa, aun cuando las obras no
tuvieran la mínima calidad exigible? Por suerte, para los amantes de la
literatura, eso no es lo que suele ocurrir: los miembros del jurado siempre
suelen tener la potestad de no votar ninguna obra, si no encuentran calidad
suficiente; y si son mayoría los que votan en tal sentido el premio se acaba
declarando desierto, por el bien de la literatura, no pasando absolutamente
nada. En política sin embargo, en nuestra democracia, no sólo hay que dar el
premio a toda costa, sino que además no hay derecho a que se escuche
a aquellos a los que no les gustan las obras presentadas.
Así las cosas, si el jurado ciudadano tuviera la opción válida de elegir "escaño vacío" -hoy esto sólo puede lograrse votando por Ciudadanos en
Blanco- como muestra de descontento y disconformidad con las opciones
presentadas, los políticos se tendrían que esforzar más por presentar unas
propuestas de mayor calidad, más veraces, más justas, más honradas, más
cercanas de lo que necesita la ciudadanía. Es evidente, pues, que de no
hacerlo se verían bajo la amenaza clara de perder escaños para ellos, cuotas
de poder y representación, en beneficio de los escaños vacíos. Y haciendo una
lectura positiva del asunto: abierta la posibilidad de dejar escaños vacíos ante
una mala gestión de los políticos, éstos, cuando gobiernen sin que haya
escaños vacíos en su hemiciclo, podrán decir sin temor a equivocarse
que gobiernan con toda justicia, sin haber olvidado ni silenciado la voz de
ningún ciudadano.
Se puede vislumbrar ya el potencial crítico-regenerador que
representaría para un hemiciclo, un parlamento o un pleno municipal, que un
escaño, o dos, o tres, permanecieran vacíos u ocupados puntualmente por
ciudadanos en (y de) blanco durante toda la legislatura, para vergüenza de
los políticos que sí asistieran. Sinceramente, creemos que esto causaría tal
impacto en nuestra democracia que no haría falta dejar vacíos demasiados
escaños para hacer cambiar de una vez y para bien a la clase política.
¿Qué diferencia a los miembros de Ciudadanos en Blanco del
resto de políticos al uso?
- Ciudadanos en blanco no aspiran a gobernar
- No ansían ninguna cuota de poder
- No aspiran ni quieren obtener mayoría
- No quieren dejar de estar del lado de los ciudadanos para pasar a ser políticos profesionales
- No aceptarán dinero por los escaños que obtengan, salvo lo necesario para cubrir los gastos que ocasionen la posesión de los mismos
- No tienen afán de perpetuarse, pues una vez que se cambie la ley electoral en el sentido en el que piden, el partido quedará disuelto
- No pactarán con nadie ni intervendrán en los plenos, salvo cuando haya que defender la reforma de la ley electoral en el sentido en que el partido solicita, o se traten otro tipo de cuestiones tendentes a hacer al ciudadano más participe de la vida política
Muchos miembros de Ciudadanos en Blanco llevan años reflexionando sobre cuestiones políticas y sociales, de tal forma que gustosos entrarían a proponer medidas y soluciones concretas sobre tal o cual asunto, pero no es esa la función por la que se creo Ciudadanos en Blanco. Nuestra formación cubre una carencia evidente en la democracia española (ya expuesta en puntos anteriores), trata por tanto de sanearla, de regenerarla, de hacerla más completa, más justa, más auténtica.
En Ciudadanos en Blanco creemos que hay que pasar forzosamente por este camino que proponemos, como puente que salve la distancia que se abre cada día más, entre la ciudadanía y la clase política. Recorrido este camino, devuelta la voz que al ciudadano se le ha usurpado, llegará entonces el tiempo de pasar a cuestiones concretas, a propuestas concretas, a programas concretos… hacerlo antes de nada sirve: las reglas del juego político están viciadas
